El ictus isquémico continúa siendo una de las principales causas de discapacidad adquirida. Aunque muchos pacientes experimentan una mejoría durante las primeras semanas gracias al tratamiento médico y a la rehabilitación convencional, la recuperación suele ser incompleta y depende en gran medida de la capacidad del cerebro para reorganizar sus redes. Esa capacidad se conoce como neuroplasticidad. Durante años, la evolución tras un ictus se valoró fundamentalmente mediante escalas clínicas, pero hoy la resonancia magnética permite observar también cambios estructurales y funcionales en el cerebro, ofreciendo una ventana objetiva sobre los procesos de reorganización que acompañan a la rehabilitación.
Un ensayo clínico de Li F et al. publicado en Neural Plasticity (2026) analizó precisamente esta cuestión: si añadir acupuntura al tratamiento convencional podía asociarse no solo a una mejor recuperación motora, sino también a cambios medibles en la estructura cerebral y en la conectividad funcional. El estudio incluyó inicialmente a 54 pacientes con un primer ictus isquémico agudo, todos ellos con déficit motor y lesiones subcorticales. Los participantes fueron aleatorizados a recibir tratamiento convencional y rehabilitación, con o sin acupuntura añadida. La acupuntura se administró cinco veces por semana durante ocho semanas.
Los pacientes fueron evaluados al inicio, a las ocho semanas y durante el seguimiento posterior. Además de las escalas clínicas, se realizaron estudios de resonancia magnética estructural y resonancia funcional en reposo. El objetivo no era únicamente saber si los pacientes mejoraban, sino intentar comprender qué estaba ocurriendo en el cerebro durante esa recuperación.
Los autores analizaron dos variables principales. La primera fue el volumen de sustancia gris, conocido como GMV, una medida que permite detectar cambios estructurales regionales en el cerebro. La segunda fue la conectividad funcional, o FC, que analiza hasta qué punto distintas regiones cerebrales muestran una actividad sincronizada durante el reposo. La conectividad funcional no significa que aparezca una nueva conexión anatómica visible, sino que dos regiones tienden a activarse de forma más coordinada, lo que puede reflejar una reorganización de las redes cerebrales. Tras un ictus, la recuperación no depende solo de la zona lesionada. Participan regiones del mismo hemisferio, del hemisferio contralateral y circuitos motores, sensoriales, cognitivos y subcorticales.
Ambos grupos mejoraron, algo esperable porque todos los pacientes recibieron tratamiento médico y rehabilitación convencional. Sin embargo, el grupo que recibió acupuntura mostró mejores resultados clínicos. A las ocho semanas, la puntuación NIHSS fue de 3 en el grupo con acupuntura y de 3,5 en el grupo convencional. En la escala de Fugl-Meyer, utilizada para valorar recuperación motora, las puntuaciones fueron de 93 frente a 90. En el seguimiento posterior, la diferencia se mantuvo, con NIHSS de 2 frente a 3 y Fugl-Meyer de 98 frente a 95. La dirección fue, por tanto, coherente: menor déficit neurológico y mejor función motora en el grupo tratado con acupuntura. No obstante, los resultados tardíos deben interpretarse con cautela, porque solo 17 pacientes completaron el seguimiento final.
Los hallazgos estructurales fueron especialmente interesantes. Tras ocho semanas, el grupo tratado con acupuntura mostró un aumento del volumen de sustancia gris en el área motora suplementaria del lado de la lesión y en la corteza cingulada anterior del hemisferio contrario. El área motora suplementaria participa en la planificación, preparación y coordinación del movimiento y, después de un ictus, puede contribuir a reorganizar la función motora y a apoyar la recuperación de circuitos dañados. La corteza cingulada anterior interviene en atención, motivación, integración cognitiva y regulación emocional, componentes que también resultan relevantes durante la rehabilitación, porque la recuperación motora no depende únicamente de la fuerza muscular, sino también del aprendizaje, el esfuerzo, el control atencional y la adaptación. Mientras tanto, el grupo que recibió únicamente tratamiento convencional mostró una reducción del volumen de sustancia gris en una región cingulada medial. Además, en las comparaciones directas entre grupos, los pacientes tratados con acupuntura presentaron mayor volumen de sustancia gris en el giro postcentral y en regiones temporales.
Conviene interpretar correctamente qué significa un aumento del volumen de sustancia gris. No implica necesariamente la aparición de nuevas neuronas en pocas semanas. Los cambios detectados mediante morfometría pueden reflejar remodelado dendrítico, cambios sinápticos, modificaciones gliales, variaciones vasculares o de perfusión, reorganización del tejido cerebral o una menor progresión de procesos degenerativos secundarios. Por tanto, la interpretación más adecuada es hablar de remodelado estructural y neuroplasticidad, no de regeneración cerebral en sentido literal.
Uno de los aspectos más valiosos del estudio es que los cambios observados en la resonancia no quedaron aislados, sino que se relacionaron con la recuperación clínica. Los autores analizaron estas relaciones mediante el coeficiente de correlación de Spearman, expresado con el valor R. Este coeficiente puede variar entre −1 y +1. Un valor positivo indica que ambas variables tienden a aumentar juntas; un valor negativo indica que, cuando una aumenta, la otra tiende a disminuir; y un valor próximo a cero indica poca relación. De forma orientativa, valores alrededor de 0,4 o 0,5 suelen considerarse correlaciones moderadas.
En este estudio, el aumento del volumen de sustancia gris en el área motora suplementaria se correlacionó con una mejor puntuación posterior en la escala Fugl-Meyer, con R = 0,487 y p = 0,016. Esto significa que los pacientes con mayor aumento estructural en esa región tendieron a mostrar mejor recuperación motora. También se observó una correlación entre el volumen de la corteza cingulada anterior y la recuperación motora, con R = 0,540 y p = 0,006. De nuevo, se trata de una relación positiva moderada. El valor p informa sobre la compatibilidad del resultado con el azar y, de forma convencional, un valor inferior a 0,05 se considera estadísticamente significativo. Así, una correlación de R = 0,540 con p = 0,006 indica una relación moderada y con baja probabilidad de explicarse únicamente por azar. Aun así, conviene recordar que correlación no significa causalidad. El estudio no demuestra que el aumento de volumen cerebral sea la causa directa de la mejoría motora, sino que ambos fenómenos aparecen relacionados y que esa relación es biológicamente coherente.
La resonancia funcional mostró también cambios en la coordinación entre distintas regiones cerebrales. En el grupo tratado con acupuntura aumentó la conectividad entre el área motora suplementaria ipsilesional y el giro temporal medio contralesional, entre el giro postcentral contralesional y la corteza cingulada anterior, y entre el giro postcentral contralesional y el globo pálido ipsilesional. Estas regiones participan en planificación motora, procesamiento sensorial, integración cognitiva y regulación subcortical del movimiento. El globo pálido, por ejemplo, forma parte de los ganglios basales y participa en la selección y modulación de patrones motores. Por eso, el patrón observado resulta anatómica y funcionalmente coherente con la recuperación tras un ictus. Además, el aumento de conectividad entre el área motora suplementaria y el giro temporal medio se correlacionó con mejor puntuación motora, con R = 0,417 y p = 0,043. De nuevo aparece una relación entre reorganización cerebral y recuperación clínica.
Sin embargo, aquí es necesario introducir un matiz metodológico importante. Aunque el grupo tratado con acupuntura mostró un patrón de reorganización funcional más amplio y clínicamente sugerente, implicando regiones motoras, sensoriales, cinguladas y subcorticales, las comparaciones directas entre grupos no mostraron diferencias estadísticamente significativas de conectividad funcional ni a las ocho ni a las doce semanas. Por tanto, no sería correcto afirmar que la acupuntura produjo una conectividad significativamente mayor que el tratamiento convencional. La formulación adecuada es que el grupo tratado con acupuntura mostró cambios de conectividad funcional en redes relevantes para la recuperación motora y que una de esas conexiones se relacionó con la mejoría clínica, aunque la superioridad entre grupos en conectividad funcional no quedó demostrada.
El hallazgo más sólido parece estar, por tanto, en el conjunto formado por la mejoría clínica, los cambios estructurales en volumen de sustancia gris y la correlación entre esos cambios y la recuperación motora. La conectividad funcional añade plausibilidad mecanística, pero resulta menos concluyente en la comparación directa entre grupos.
El estudio refuerza una idea importante: la recuperación tras un ictus no consiste simplemente en “reactivar” la zona lesionada. El cerebro reorganiza redes distribuidas. Puede aumentar la participación de regiones del mismo hemisferio, utilizar circuitos contralaterales o reforzar conexiones entre áreas motoras, sensoriales, cognitivas y subcorticales. La acupuntura podría actuar como un estímulo neuromodulador dentro de este proceso, favoreciendo una reorganización estructural y funcional más eficiente. Esto no significa que sustituya a la rehabilitación. La intervención se estudió como complemento del tratamiento convencional, no como alternativa. El mensaje clínico es precisamente integrativo: la combinación podría potenciar algunos procesos de recuperación.
El valor de este ensayo no está en afirmar que la resonancia “demuestra” por sí sola la eficacia de la acupuntura. Su interés es otro: muestra que la acupuntura añadida a la rehabilitación convencional se asocia a mejor recuperación neurológica y motora, a cambios estructurales en regiones relevantes, a modificaciones en redes funcionales motoras y sensoriales y a correlaciones entre neuroplasticidad y recuperación clínica. Esto aporta coherencia entre el resultado clínico y el mecanismo cerebral observado.
Añadir acupuntura al tratamiento convencional tras un ictus isquémico agudo se asoció a una mejor recuperación motora y a cambios estructurales y funcionales en regiones cerebrales implicadas en planificación, sensibilidad, integración cognitiva y control del movimiento. Los cambios en volumen de sustancia gris fueron los hallazgos más sólidos, especialmente porque se relacionaron con mejores puntuaciones en la escala Fugl-Meyer. La conectividad funcional mostró un patrón neurobiológicamente coherente, aunque la superioridad directa frente al tratamiento convencional no quedó demostrada.
La recuperación tras un ictus no depende únicamente de la zona lesionada, sino de la capacidad del cerebro para reorganizarse. Este estudio sugiere que la acupuntura puede formar parte de los estímulos capaces de acompañar y favorecer ese proceso.
Referencia:
Li F, Wang J, Xu Q, Zhu Z, Cheng M, Chen J, Zhang B. Neurorehabilitation Combining Acupuncture and Conventional Rehabilitation in the Acute Ischemic Stroke: Evidence From Multimodal MRI. Neural Plast. 2026;2026(1):e8734736. doi: 10.1155/np/8734736. PMID: 42333034; PMCID: PMC13287332.
Fuente
Dr. Beltran Carrillo




