Efecto de la acupuntura en el tratamiento rehabilitador de niños con diferentes grados de trastorno del espectro autista: ensayo clínico aleatorizado (Zhang Q et al. Front Psychiatry. 2026)

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El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades variables en la comunicación y la interacción social, junto con patrones de conducta o intereses restringidos y repetitivos. Su expresión clínica es muy heterogénea: mientras algunos niños desarrollan lenguaje funcional y una autonomía considerable, otros presentan alteraciones más intensas de la comunicación, la conducta adaptativa o la capacidad para desenvolverse en las actividades cotidianas.

Las intervenciones educativas, conductuales y de rehabilitación constituyen la base del tratamiento. Sin embargo, existe interés por conocer si la incorporación de otras intervenciones, como la acupuntura, puede aportar beneficios adicionales sobre áreas concretas del desarrollo.

Un ensayo clínico aleatorizado de Zhang Q et al. publicado en Frontiers in Psychiatry (June 2026) evaluó el efecto de añadir acupuntura del cuero cabelludo, corporal y lingual a un programa convencional de rehabilitación en niños con TEA, analizando además si la respuesta podía variar según la gravedad clínica.

El estudio incluyó a 120 niños de entre 2 y 6 años, diagnosticados de TEA según criterios DSM-5 y sin tratamiento previo mediante rehabilitación ni acupuntura. Todos recibieron durante 12 semanas un programa intensivo de rehabilitación que incluía análisis aplicado de la conducta, entrenamiento del lenguaje, intervención cognitiva y social, terapia de juego, musicoterapia, integración sensorial y entrenamiento grupal con participación familiar. Los niños asignados al grupo de intervención recibieron además acupuntura cinco días por semana. El protocolo combinó puntos del cuero cabelludo, puntos corporales y estimulación mediante acupuntura lingual. Las agujas del cuero cabelludo permanecían insertadas durante 90 minutos, mientras que la estimulación corporal y lingual se realizaba mediante inserción breve sin retención.

La aleatorización se estratificó según la intensidad del TEA, diferenciando entre formas leves-moderadas y graves. De este modo se intentó mantener una proporción equilibrada de niños con distinto grado de afectación en ambos grupos. Finalmente, 115 participantes completaron el estudio: 58 en el grupo de acupuntura más rehabilitación y 57 en el grupo de rehabilitación convencional.

Antes de comenzar el estudio, los investigadores realizaron un cálculo del tamaño muestral mediante el programa estadístico G-Power.

Este cálculo intenta responder a una pregunta fundamental: ¿Cuántos participantes hacen falta para que el estudio tenga una probabilidad suficientemente alta de detectar una diferencia real entre los tratamientos?

Para realizarlo se establecieron tres parámetros.

-El primero fue un nivel de significación de α = 0,05, que representa el riesgo aceptado de considerar que existe una diferencia cuando realmente no la hay. Habitualmente se fija en un 5%.

-El segundo fue una potencia estadística del 85%. Esto significa que, si realmente existiera un efecto de la magnitud prevista, el estudio tendría aproximadamente un 85% de probabilidad de detectarlo como estadísticamente significativo.

-El tercero fue un tamaño del efecto esperado de d = 0,52. El valor “d” expresa la magnitud esperada de la diferencia entre los grupos en relación con la variabilidad de los resultados. Un valor de 0,52 suele interpretarse como un efecto de magnitud moderada.

Con estos supuestos, el programa estimó que eran necesarios 108 participantes, 54 por grupo. Sin embargo, en los ensayos clínicos algunos participantes pueden abandonar el tratamiento, cambiar de domicilio, enfermar o no completar las evaluaciones. Por ello, los autores aumentaron la muestra prevista hasta 120 niños, incorporando un margen para posibles pérdidas. Este procedimiento es importante porque evita realizar estudios demasiado pequeños, incapaces de detectar diferencias clínicamente relevantes, pero también evita incluir más participantes de los necesarios. La potencia estadística no garantiza que el tratamiento sea eficaz. Indica únicamente que el estudio dispone de una probabilidad razonable de detectar el efecto previsto en caso de que dicho efecto exista.

Los investigadores utilizaron dos escalas.

-La primera fue la Childhood Autism Rating Scale (CARS), que evalúa la intensidad global de las características asociadas al TEA. Una disminución de la puntuación indica una mejoría clínica global.

-La segunda fue el Psychoeducational Profile, Third Edition (PEP-3), una herramienta que analiza distintas capacidades relacionadas con la comunicación, la cognición, las habilidades motoras, la interacción social y la adaptación a la vida cotidiana. Esta evaluación resulta especialmente interesante porque permite observar en qué áreas concretas se producen los cambios, más allá de una puntuación global.

Muchos de estos términos pueden parecer abstractos. Algunos ejemplos prácticos ayudan a comprender qué representan.

La cognición verbal y preverbal evalúa la capacidad para comprender relaciones, resolver pequeñas tareas y utilizar información verbal o no verbal. Por ejemplo, reconocer para qué sirve un objeto, emparejar dos imágenes iguales, clasificar objetos por forma o color, comprender que una fotografía representa un objeto real o anticipar una actividad mediante gestos o claves visuales. La parte preverbal es especialmente relevante en niños que todavía no utilizan lenguaje oral.

El lenguaje expresivo se refiere a la capacidad del niño para comunicar lo que quiere, piensa o necesita. Puede manifestarse al pedir agua mediante una palabra, un gesto o una imagen, nombrar un objeto, responder verbalmente a una pregunta, construir frases sencillas o explicar lo que está ocurriendo.

El lenguaje receptivo evalúa la capacidad para comprender el lenguaje de otras personas. Incluye acciones como responder cuando se le llama por su nombre, entender “dame la pelota”, seguir una instrucción de uno o varios pasos, identificar un objeto cuando alguien lo nombra o comprender preguntas sencillas.

La imitación visomotora consiste en reproducir una acción después de observarla. Por ejemplo, dar una palmada tras ver a otra persona hacerlo, colocar bloques siguiendo un modelo, copiar un gesto con las manos, imitar el movimiento de un juguete o reproducir una acción sencilla durante el juego. La imitación constituye una vía importante para el aprendizaje infantil.

La reciprocidad social describe la capacidad para participar en una interacción compartida y responder de forma ajustada a otra persona. Puede observarse al devolver una sonrisa, responder cuando alguien intenta iniciar un juego, compartir la atención sobre un objeto, esperar un turno o mostrar interés por lo que otra persona está haciendo. No se trata únicamente de estar acompañado, sino de participar activamente en un intercambio social.

La conducta adaptativa hace referencia a la capacidad para ajustar el comportamiento a las demandas habituales del entorno. Por ejemplo, aceptar cambios sencillos en una rutina, seguir las normas de una actividad, esperar antes de recibir algo, pasar de una tarea a otra con menor dificultad o utilizar habilidades aprendidas en situaciones diferentes.

Los dos grupos mejoraron significativamente después de las 12 semanas. Este resultado confirma que la intervención educativa y rehabilitadora convencional produjo beneficios importantes en los niños con TEA. Sin embargo, la incorporación de acupuntura se asoció con una mejoría adicional significativamente mayor en distintas áreas evaluadas mediante PEP-3. En comparación con la rehabilitación convencional, los niños que recibieron acupuntura mostraron mayores cambios en cognición verbal y preverbal, lenguaje expresivo, lenguaje receptivo, motricidad fina, imitación visomotora, reciprocidad social, determinadas conductas motoras características, conducta problemática y autocuidado personal.

Las diferencias fueron especialmente marcadas en las áreas relacionadas con la cognición y el lenguaje.

En cognición verbal y preverbal, la mejoría mediana fue de 12 puntos en el grupo de rehabilitación convencional y de 18 puntos en el grupo de acupuntura más rehabilitación, con una diferencia estadísticamente significativa a favor de la intervención combinada (p < 0,001). En lenguaje expresivo, la mejoría fue de 2 puntos con el tratamiento convencional frente a 8 puntos con acupuntura añadida (p < 0,001). En lenguaje receptivo, la diferencia fue todavía más marcada: una mejoría mediana de 7 puntos en el grupo convencional frente a 16 puntos en el grupo de acupuntura (p < 0,001). También se observaron diferencias en la imitación visomotora, con una mejoría de 4 frente a 6 puntos (p = 0,003), y en la reciprocidad social, con una mejoría de 5 frente a 7 puntos (p = 0,012). En la motricidad fina, la mejoría mediana fue de 7 puntos con rehabilitación convencional y de 10 puntos con acupuntura añadida (p = 0,004). También se observaron diferencias favorables a la acupuntura en la conducta problemática, con cambios medianos de 2 frente a 3 puntos (p = 0,027), y en el autocuidado personal, con una mejoría de 2 frente a 3 puntos (p = 0,031). Además, la puntuación global CARS disminuyó en ambos grupos, aunque la reducción fue significativamente mayor entre los niños que recibieron acupuntura. La diferencia entre grupos alcanzó significación estadística (p = 0,035). Uno de los aspectos más interesantes del ensayo fue el análisis separado de los niños con TEA leve-moderado y grave. TEA leve-moderado En los niños con TEA leve-moderado, la incorporación de acupuntura produjo una mejoría significativamente mayor en cognición verbal y preverbal, lenguaje expresivo, lenguaje receptivo, imitación visomotora, reciprocidad social y conducta adaptativa. La magnitud de algunos cambios resulta especialmente ilustrativa. En cognición, la mejoría mediana fue de 4 puntos con rehabilitación convencional frente a 15 puntos con acupuntura añadida (p < 0,001). En lenguaje expresivo, la mejoría fue de 3 frente a 11 puntos (p = 0,012), mientras que en lenguaje receptivo fue de 3 frente a 16 puntos (p < 0,001). En imitación visomotora, el cambio fue de 2 puntos con tratamiento convencional frente a 6 puntos con acupuntura (p = 0,009). La reciprocidad social mejoró una mediana de 5 puntos en el grupo convencional y de 7 puntos en el grupo de acupuntura (p = 0,006). En conducta adaptativa, la mejoría fue de 2 frente a 5 puntos (p = 0,037). Los resultados sugieren que, en los niños con menor intensidad clínica, la acupuntura podría aportar beneficios adicionales especialmente relacionados con la comunicación, el aprendizaje mediante observación y la participación social. TEA grave En los niños con formas graves se observaron beneficios adicionales en cognición verbal y preverbal, lenguaje expresivo, lenguaje receptivo y conducta problemática. En cognición, la mejoría mediana fue de 16 puntos con rehabilitación convencional frente a 20 puntos con acupuntura añadida (p = 0,004). En lenguaje expresivo, el cambio fue de 2 frente a 6 puntos (p = 0,002). En lenguaje receptivo, la mejoría fue de 9 puntos en el grupo convencional y de 17 puntos en el grupo de acupuntura (p = 0,007). En conducta problemática, la mejoría mediana fue de 2 frente a 5 puntos (p = 0,028). Estos resultados sugieren que la posible respuesta a la intervención no es necesariamente igual en todos los niños y que las áreas de mejoría podrían variar según el grado de afectación. La rehabilitación convencional mejoró significativamente las capacidades de los niños con TEA. La incorporación de acupuntura del cuero cabelludo, corporal y lingual produjo beneficios adicionales en distintas áreas del desarrollo, particularmente en la cognición, el lenguaje expresivo, la comprensión del lenguaje y algunas habilidades sociales y adaptativas. Los resultados fueron diferentes según la intensidad clínica del TEA, lo que refuerza la importancia de individualizar las intervenciones y evaluar objetivos funcionales concretos. Este ensayo aporta evidencia de que la acupuntura puede considerarse una intervención complementaria dentro de un programa multidisciplinar de rehabilitación, no como sustitución de las terapias educativas y conductuales, sino como una posible herramienta adicional orientada a mejorar capacidades relevantes para la comunicación, el aprendizaje y la vida cotidiana. Referencia: Zhang Q, Li M, Zhou Z, Tian L, Liu L, Zhang J. Effect of acupuncture on rehabilitation treatment of children with different degrees of autism spectrum disorder: a randomized controlled trial. Front Psychiatry. 2026 Jun 10;17:1849124. doi: 10.3389/fpsyt.2026.1849124. PMID: 42358408; PMCID: PMC13290934.

Fuente
Dr. Beltran Carrillo
Publicado el Categorías Autismo, Blog, Niños, Trastorno del espectro autistaEtiquetas Acupuntura basada en la evidencia, Autismo, Clínica Beltrán Carrillo, Evidencia científica, Trastorno del espectro autista

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