La obesidad y el asma mantienen una relación compleja y bidireccional. La obesidad no sólo aumenta el riesgo de desarrollar asma, sino que puede asociarse con peor control de los síntomas, mayor inflamación sistémica y una respuesta terapéutica menos favorable. Por ello, el paciente con asma persistente y obesidad constituye un fenotipo clínico especialmente interesante: mejorar simultáneamente el control respiratorio y algunos de los factores metabólicos asociados podría tener un valor añadido.
Shi y colaboradores publicaron en Frontiers in Medicine en julio de 2026 un estudio que analiza el efecto de añadir acupuntura al tratamiento convencional en pacientes adultos con asma persistente y obesidad. Se trata de una cohorte retrospectiva, no de un ensayo clínico aleatorizado, realizada a partir de pacientes tratados entre enero de 2021 y diciembre de 2024. El estudio incluyó finalmente 415 pacientes, de los cuales 190 recibieron acupuntura añadida al tratamiento convencional y 225 recibieron únicamente el tratamiento habitual con corticoides inhalados.
La pregunta clínica es sencilla y relevante: ¿qué ocurre cuando se incorpora acupuntura al tratamiento que estos pacientes ya reciben?
Todos los participantes eran adultos con diagnóstico de asma persistente crónica según los criterios GINA y presentaban obesidad, definida en el estudio como un índice de masa corporal igual o superior a 28 kg/m², siguiendo los criterios utilizados para población china.
El grupo control recibió tratamiento convencional con corticoides inhalados. El grupo de intervención recibió además un protocolo estandarizado de acupuntura, con sesiones de 30 minutos tres veces por semana. Los pacientes fueron reevaluados a los seis meses.
Uno de los aspectos interesantes del trabajo es que no se limita a preguntar a los pacientes si se encuentran mejor. Los autores analizaron simultáneamente función pulmonar, control clínico del asma, calidad de vida, biomarcadores inflamatorios y peso corporal. Entre las variables estudiadas estaban el PEF, el FEV1, la relación FEV1/FVC, el Asthma Control Test (ACT), el Asthma Quality of Life Questionnaire (AQLQ), IL-17, proteína C reactiva y BMI.
En situación basal los dos grupos eran muy similares. No existían diferencias significativas en edad, sexo, BMI, gravedad del asma, hospitalizaciones, frecuencia de exacerbaciones o las principales variables respiratorias y analíticas, lo que facilita la comparación posterior.
A los seis meses, ambos grupos habían mejorado, como cabría esperar en pacientes que reciben tratamiento convencional. Sin embargo, los resultados fueron consistentemente mejores en el grupo que recibió además acupuntura.
El PEF alcanzó una mediana de 79,3 frente a 77,5 en el grupo control (p=0,005). El FEV1 fue de 80,8 frente a 77,5 (p<0,0001), y la relación FEV1/FVC alcanzó 0,75 frente a 0,72 (p<0,0001). Este aspecto es importante porque introduce medidas objetivas de función respiratoria. La señal favorable no depende exclusivamente de cuestionarios o de la percepción subjetiva de los pacientes. Al mismo tiempo, los resultados clínicos siguieron la misma dirección. La puntuación ACT partía de una mediana de 16 puntos en ambos grupos. Después de seis meses había aumentado a 20 en el grupo control y a 21 en los pacientes tratados también con acupuntura. En términos de cambio, el control mejoró aproximadamente 4 puntos con el tratamiento habitual y 5 puntos cuando se añadió acupuntura. La diferencia final entre grupos es pequeña, y los propios autores lo reconocen. Sin embargo, el outcome principal del estudio no consistía simplemente en comparar las puntuaciones finales, sino en determinar qué pacientes alcanzaban una mejoría de al menos 3 puntos en el ACT, considerada la diferencia mínima clínicamente importante para esta escala. En el análisis multivariable completamente ajustado, recibir acupuntura permaneció significativamente asociado con una mayor probabilidad de alcanzar este criterio de mejor control del asma: OR 1,137; IC 95% 1,035–1,250; p=0,008. La magnitud es moderada, pero el resultado se mantuvo después de ajustar por numerosos factores potencialmente relevantes, incluyendo edad, sexo, BMI, tabaquismo, gravedad del asma, hospitalizaciones, exacerbaciones, comorbilidades, función pulmonar basal, ACT, calidad de vida y marcadores inflamatorios. Al no tratarse de un ensayo aleatorizado, siempre existe la posibilidad de que los pacientes que recibieron acupuntura fueran diferentes de aquellos que no la recibieron. Para reducir este problema, los autores aplicaron propensity score matching (PSM), emparejando pacientes de ambos grupos según sus características basales. Después del emparejamiento quedaron 165 pacientes en cada grupo, y todas las diferencias estandarizadas entre las covariables fueron inferiores a 0,1, lo que indica un buen equilibrio basal. La asociación entre acupuntura y mejor control del asma se mantuvo estadísticamente significativa después del PSM. Los autores realizaron además un análisis adicional utilizando sólo los casos completos, y el resultado volvió a permanecer estable. Esto no transforma una cohorte retrospectiva en un ensayo aleatorizado ni permite eliminar completamente la confusión residual. Pero sí aumenta la confianza en que la asociación observada no depende simplemente de diferencias evidentes entre los grupos. La puntuación AQLQ, que evalúa la calidad de vida relacionada con el asma, mejoró en ambos grupos, pero nuevamente fue algo superior entre los pacientes tratados con acupuntura: 5,2 frente a 5,0; p=0,000344. La magnitud absoluta es modesta, pero la dirección vuelve a coincidir con los resultados del ACT y con las pruebas funcionales respiratorias. Cuando diferentes medidas independientes apuntan en la misma dirección, el resultado global adquiere mayor coherencia clínica. El estudio incluyó además dos marcadores inflamatorios. La IL-17 disminuyó hasta 22,1 pg/mL en el grupo de acupuntura frente a 23,6 pg/mL en el grupo control (p=0,038), mientras que la proteína C reactiva fue de 4,1 frente a 4,5 mg/L (p=0,04). Las diferencias son pequeñas y no deben magnificarse, pero tienen interés porque nuevamente siguen la misma dirección que los resultados clínicos y funcionales. El BMI pasó aproximadamente de 30,8 a 30,1 kg/m² en el grupo control, mientras que en el grupo de acupuntura descendió de 30,7 a 29,5 kg/m². Es decir, el descenso fue de aproximadamente: -0,7 kg/m² con tratamiento convencional frente a -1,2 kg/m² con tratamiento convencional + acupuntura. La diferencia entre grupos fue estadísticamente significativa (p=0,0326), y el tratamiento mediante acupuntura mantuvo una asociación independiente con una mayor reducción del BMI en el modelo multivariable completamente ajustado (β -0,141; p=0,013). No estamos ante una pérdida de peso espectacular y este estudio no permite presentar la acupuntura como tratamiento suficiente para la obesidad. De hecho, los propios autores consideran que la magnitud del efecto sobre el BMI es modesta. Pero quizá ésa no sea la lectura más interesante. En una población seleccionada precisamente por presentar simultáneamente obesidad y asma, los pacientes que recibieron acupuntura mostraron mejor función pulmonar, mejor control clínico, mejor calidad de vida, menor señal inflamatoria y una pequeña reducción adicional del peso. En este estudio, añadir acupuntura al tratamiento convencional se asoció con mejores resultados en parámetros respiratorios objetivos, control clínico, calidad de vida, inflamación y peso. La asociación con el control del asma y con la reducción del BMI permaneció significativa después de ajustes multivariables, propensity score matching y análisis adicionales de sensibilidad. No podemos afirmar a partir de una cohorte retrospectiva que la acupuntura sea la causa de todas estas diferencias. Para ello serían deseables ensayos clínicos prospectivos y aleatorizados. Pero los datos que aporta este estudio son clínicamente interesantes: en 415 pacientes con obesidad y asma persistente, la incorporación de acupuntura al tratamiento convencional durante seis meses se asoció con una mejor evolución global que el tratamiento convencional aislado. Y quizá ésa sea precisamente la conclusión más adecuada: no un efecto espectacular ni una alternativa al tratamiento farmacológico, sino un beneficio adicional, modesto pero consistente, cuando la acupuntura se integra dentro del tratamiento habitual del paciente con asma y obesidad. Referencia: Shi Z, Quan Q, Bai X, Wang Y, Lai X, Hu X. Effect of acupuncture on asthma control and body weight changes in obese patients with asthma. Front Med (Lausanne). 2026 Jul 3;13:1861336. doi: 10.3389/fmed.2026.1861336. PMID: 42491097; PMCID: PMC13376247.
Fuente
Dr. Beltran Carrillo




