La migraña es una de las enfermedades neurológicas que más condicionan la vida diaria. No hablamos solo de “dolores de cabeza fuertes”, sino de crisis recurrentes, muchas veces incapacitantes, que afectan al trabajo, al descanso, a la vida social, a la organización familiar y al estado emocional. De hecho, a escala global, la migraña se sitúa entre las patologías neurológicas con mayor carga de discapacidad, medida en años de vida vividos con limitación. En este escenario, y aunque disponemos de fármacos eficaces, no es extraño que muchas personas busquen alternativas o complementos al tratamiento convencional: no todo el mundo responde igual a la medicación, los efectos secundarios son frecuentes y, en algunos casos, el propio paciente desea reducir su dependencia de los fármacos.
La revisión sistemática y metaanálisis de Lu T et al. (Syst Rev. 2025) que comentamos analiza precisamente el papel de la acupuntura en el manejo de la migraña. Incluye veintitrés ensayos clínicos aleatorizados con un total de 2295 pacientes diagnosticados de migraña, con o sin aura, según criterios de la International Headache Society o clasificaciones equivalentes. La intervención en todos los estudios fue acupuntura, y los grupos de comparación fueron variados: acupuntura simulada, tratamiento farmacológico (flunarizina, metoprolol, venlafaxina, entre otros), lista de espera, cuidados habituales o “usual care”. Los resultados analizados son muy clínicos y fáciles de traducir a la práctica diaria: duración de las crisis, número de ataques, días con migraña en un periodo de cuatro semanas, calidad de vida medida con cuestionarios específicos de migraña (MSQ, con sus dimensiones restrictiva y emocional) y discapacidad asociada mediante el cuestionario MIDAS.
Un aspecto metodológico importante de esta revisión es la amplitud de la búsqueda bibliográfica. Los autores no se limitaron a bases de datos occidentales en inglés como PubMed, Embase o Cochrane, sino que incluyeron también bases de datos chinas como CBM, CNKI, VIP y Wanfang. Este detalle es clave cuando hablamos de acupuntura, porque una parte muy relevante de la investigación se publica en chino y no se indexa en las bases de datos habituales en medicina occidental. Limitarse a lo que aparece en inglés introduce un sesgo de idioma y de indexación que puede ofrecer una imagen muy parcial de la evidencia. Al incorporar bases chinas, esta revisión reduce ese sesgo y ofrece una fotografía más completa de lo que realmente se ha investigado sobre acupuntura y migraña.
En cuanto a los resultados, cuando se compara la acupuntura real con la acupuntura simulada, la acupuntura muestra un beneficio consistente. En los estudios que analizan la duración de las crisis, la acupuntura logra reducir el número de horas que dura cada episodio. Cuando se mide el número de ataques de migraña en un periodo dado, los pacientes tratados con acupuntura tienen menos crisis que aquellos asignados a acupuntura simulada. Algo similar ocurre cuando se contabilizan los días con migraña por cada cuatro semanas: el grupo de acupuntura real presenta menos días de dolor que el grupo control. A esto se suma la mejora en la calidad de vida: tanto la subescala restrictiva del MSQ (que refleja cuánto limita la migraña las actividades diarias) como la subescala emocional (que recoge el impacto sobre el ánimo, el miedo a la crisis o la carga emocional de la enfermedad) mejoran más en el grupo de acupuntura que en el grupo de acupuntura simulada. Todo ello sugiere que la acupuntura no actúa simplemente como un placebo sofisticado: incluso frente a una intervención simulada creíble, la acupuntura real muestra un efecto adicional medible.
La comparación con el tratamiento farmacológico merece una reflexión más fina, porque es un punto donde con frecuencia se malinterpretan los datos. En algunos análisis, al comparar la acupuntura con los fármacos en términos de duración de las crisis o número de ataques, las diferencias no alcanzan la llamada significación estadística. Esto se traduce muchas veces, de forma errónea, como “si no hay diferencias significativas, la acupuntura no funciona”. Sin embargo, lo que estos resultados expresan es que, en esas variables concretas, la acupuntura y la medicación tienen una eficacia similar. Es decir, no se puede afirmar que uno sea claramente superior al otro, no porque la acupuntura sea ineficaz, sino porque ambos tratamientos reducen las crisis y las horas de migraña en un grado comparable. De hecho, en el análisis por duración del tratamiento, los autores encuentran que, a corto plazo (cuatro semanas o menos), la acupuntura puede ser incluso más eficaz que los fármacos en la reducción de la duración de las crisis. Y, más allá del número de crisis o de horas de dolor, la acupuntura muestra ventajas en la calidad de vida: las puntuaciones del MSQ, tanto en su componente restrictivo como emocional, mejoran más con acupuntura que con medicación en varios de los estudios incluidos.
La comparación con lista de espera, usual care o cuidados habituales es, quizá, la más intuitiva de interpretar. En este contexto, la acupuntura se añade al manejo estándar o se enfrenta directamente a un grupo que no recibe una intervención activa específica. Los pacientes tratados con acupuntura presentan menos ataques de migraña, menos días con dolor por cada cuatro semanas y una mejor calidad de vida. La discapacidad relacionada con la migraña, medida con el MIDAS, también disminuye de manera significativa frente a los grupos control. Esta reducción en la puntuación del MIDAS se traduce, en términos prácticos, en menos días perdidos de trabajo, menos actividades interrumpidas y menos impacto global de la migraña sobre la vida del paciente. No es un resultado abstracto, sino algo que se percibe en la capacidad real de la persona para sostener su vida diaria.
Desde el punto de vista del análisis de datos, la revisión utiliza los métodos habituales en metaanálisis, aplicando modelos de efectos fijos o aleatorios en función del grado de heterogeneidad entre los estudios. En varios resultados, la heterogeneidad estadística es alta, lo que refleja diferencias entre estudios en aspectos como el protocolo de acupuntura, la duración del tratamiento, las características de los pacientes o el tipo de grupo control. Ante ello, los autores emplean modelos de efectos aleatorios y realizan análisis de sensibilidad, eliminando estudios uno a uno. En algunos casos, al excluir estudios concretos, la heterogeneidad disminuye de forma notable, pero el efecto a favor de la acupuntura se mantiene, lo cual apunta a que los resultados son relativamente robustos y no dependen por completo de un único ensayo atípico. También se exploran subgrupos según la duración del tratamiento, observándose beneficios tanto en intervenciones de corta duración como en seguimientos más prolongados, algo que encaja con la experiencia clínica del efecto acumulativo de la acupuntura.
En términos de calidad metodológica, la mayoría de los ensayos incluidos describen adecuadamente la generación de la secuencia aleatoria, y una proporción importante detalla algún mecanismo de ocultación de la asignación, lo que reduce el riesgo de sesgo en la fase de aleatorización. El cegamiento de participantes y personal, como es habitual en acupuntura, es más irregular: algunos ensayos utilizan dispositivos o diseños que permiten un blinding razonable, mientras que en otros la información es insuficiente o el cegamiento es claramente incompleto. Esto supone una posible fuente de sesgo por expectativas, que conviene tener en cuenta al interpretar los resultados. No se detectan problemas graves de datos incompletos, aunque en varios estudios la información sobre otros sesgos potenciales o sobre el reporte selectivo de resultados es limitada, por lo que ciertos riesgos no pueden descartarse del todo.
En conjunto, y asumiendo estas limitaciones, la evidencia reunida en esta revisión apunta a un mensaje claro y clínicamente útil. La acupuntura es superior a la acupuntura simulada y a la ausencia de tratamiento específico en reducir la frecuencia y duración de las crisis, los días con migraña y la discapacidad asociada. Frente a los fármacos preventivos, la acupuntura muestra una eficacia comparable en el control de las crisis y, en varios estudios, una mayor mejora en la calidad de vida y en el ámbito emocional. Esto coloca a la acupuntura como una opción terapéutica razonable y respaldada por evidencia para personas con migraña, ya sea como tratamiento principal en quienes desean un enfoque menos farmacológico, o como complemento dentro de un abordaje que incluya medicación, educación, higiene del sueño y manejo de desencadenantes. La decisión final, como siempre, debe individualizarse, pero los datos disponibles permiten ofrecer la acupuntura no como un recurso “alternativo” al margen de la ciencia, sino como una herramienta más, con efectos medibles, al servicio de la calidad de vida de las personas con migraña.
Referencia:
Lu T, Yang Y, Li J, Lu L, Liu J. Acupuncture improves migraine and quality of life in patients with migraine: a systematic review with meta-analysis. Syst Rev. 2025 Nov 11;14(1):220. doi: 10.1186/s13643-025-02977-y. PMID: 41219786; PMCID: PMC12606803.
Fuente
Dr. Beltran Carrillo




