Efecto de la electroacupuntura en la neuralgia posherpética: un ensayo clínico aleatorizado (Chen L et al. JAMA Neurol. 2026)

Compartir:

La neuralgia posherpética es una de las complicaciones más difíciles del herpes zóster. Se caracteriza por un dolor persistente en la zona del dermatoma afectado que continúa al menos 90 días después de la aparición de la erupción. Es un dolor neuropático, a menudo intenso, persistente y con gran impacto sobre el sueño, el estado de ánimo y la calidad de vida. Además, su frecuencia aumenta con la edad, lo que la convierte en un problema clínico especialmente relevante en personas mayores.

En este contexto, la acupuntura, y especialmente la electroacupuntura, aparece como una opción no farmacológica atractiva. La electroacupuntura combina la inserción de agujas con una estimulación eléctrica controlada, buscando potenciar el efecto analgésico mediante la modulación de la actividad nerviosa. No es una técnica nueva en el campo del dolor neuropático: ya se ha investigado en neuropatía periférica inducida por quimioterapia, neuropatía diabética dolorosa y neuralgia del trigémino, con resultados sugerentes y un perfil de seguridad favorable.

El estudio de Chen L et al. (JAMA Neurol. 2026) tiene un valor especial por varios motivos. Es un ensayo clínico aleatorizado con más de 400 participantes, multicéntrico, controlado con intervención simulada y publicado en JAMA Neurology. En investigación clínica sobre acupuntura, un RCT de este tamaño y con este nivel metodológico no es algo menor: es un estudio importante y merece ser tomado en serio.

Se trata de un ensayo clínico aleatorizado, multicéntrico y controlado con electroacupuntura simulada. Se realizó en 7 hospitales terciarios de China entre octubre de 2020 y septiembre de 2022.

Incluyeron adultos de entre 45 y 75 años con diagnóstico de neuralgia posherpética y dolor moderado o severo, definido como una puntuación media de 4 o más en la escala NRS-11, una escala numérica de dolor que va de 0 a 10. En total, se aleatorizaron 448 pacientes: 225 al grupo de electroacupuntura real y 223 al grupo de electroacupuntura simulada. Completaron el ensayo 383 participantes, un 85,49%, lo que supone una retención razonable para un estudio de estas características.

La asignación fue 1:1, con aleatorización estratificada por centro y ocultación de la asignación. Los pacientes, los evaluadores de resultados y los estadísticos estaban cegados al grupo asignado; los acupuntores no podían estarlo, algo inevitable en este tipo de intervención.

Ambos grupos recibieron 20 sesiones durante 4 semanas, a razón de 5 sesiones por semana.

En el grupo de electroacupuntura simulada se colocaron agujas romas, sin penetrar la piel, sobre los mismos puntos. También se colocaron electrodos, pero la corriente quedaba bloqueada por una capa aislante. La figura de la página 4 del artículo ilustra muy bien esta diferencia: en el tratamiento real hay inserción de aguja y estimulación efectiva; en el simulado se reproduce la apariencia del procedimiento, pero sin penetración ni corriente útil. Un punto clave: la acupuntura simulada no es un placebo completamente inerte. Este punto es fundamental para interpretar el estudio con justicia. En los ensayos farmacológicos, un placebo suele ser una sustancia sin principio activo. Pero en acupuntura esto es mucho más complejo. La llamada “acupuntura sham” o simulada no siempre es un placebo totalmente inerte. Aunque no haya penetración profunda o no haya estimulación eléctrica real, el procedimiento mantiene muchos elementos activos: el contacto terapéutico, la expectativa, el ritual clínico, la localización corporal, la presión sobre la piel e incluso una posible estimulación sensorial leve.

Por eso, muchos investigadores interpretan la acupuntura simulada no como un “placebo puro”, sino casi como una acupuntura de baja dosis. Es decir, una intervención con menor intensidad fisiológica, pero no necesariamente neutra.

Esto cambia la lectura del resultado. El estudio no está comparando electroacupuntura real frente a nada. Está comparando electroacupuntura real frente a una intervención simulada bastante creíble, que puede producir efectos inespecíficos y quizá también algunos efectos fisiológicos leves.

Por eso, que la electroacupuntura real supere a la simulada en este contexto es más relevante de lo que parecería si solo miramos la diferencia media entre grupos.

El resultado principal fue el cambio en la intensidad del dolor a las 4 semanas, medido con la escala NRS-11.

A las 4 semanas, el grupo de electroacupuntura real redujo el dolor en una media de -1,52 puntos, mientras que el grupo de electroacupuntura simulada lo redujo en -0,99 puntos. La diferencia ajustada entre grupos fue de -0,53 puntos, con un intervalo de confianza del 95% entre -0,61 y -0,43, y un valor de P < .001. Dicho de forma sencilla: la electroacupuntura real redujo el dolor más que la simulada, y esa diferencia fue estadísticamente significativa. Ahora bien, los autores utilizaron como referencia una diferencia mínima clínicamente importante, o MID, de 1,5 puntos en la escala de dolor. Este dato hay que explicarlo bien. La reducción dentro del grupo de electroacupuntura real fue de 1,52 puntos, es decir, alcanzó justo ese umbral de relevancia clínica. En cambio, la reducción dentro del grupo simulado fue de 0,99 puntos, por debajo de ese umbral. Esto no significa que el tratamiento “no funcione”. Significa algo más matizado: el grupo tratado con electroacupuntura real alcanzó una reducción media clínicamente relevante del dolor, mientras que el grupo simulado no llegó a ese umbral; pero la ventaja media adicional de la electroacupuntura real sobre la simulada fue modesta. Y aquí es donde vuelve a ser importante recordar que el comparador simulado no es un placebo inerte, sino una intervención que puede tener cierto efecto. La media nos da una parte de la historia, pero no toda. En dolor crónico, muchas veces es más informativo saber cuántos pacientes logran una mejoría suficientemente clara. Los autores definieron como “respondedor” al paciente que conseguía una reducción del dolor de al menos el 30% en la escala NRS-11. Este criterio es muy útil porque se parece más a la pregunta real de la consulta: “¿Cuántas personas notan una mejoría importante?”. A las 4 semanas, respondieron el 46,68% de los pacientes tratados con electroacupuntura real, frente al 24,28% de los pacientes del grupo simulado. La diferencia ajustada fue de 22,40 puntos porcentuales, con P < .001. Este resultado es clínicamente muy relevante. Aproximadamente 1 de cada 2 pacientes** tratados con electroacupuntura real consiguió una reducción del dolor de al menos el 30%, frente a aproximadamente 1 de cada 4 en el grupo simulado. Dicho de otra manera: aunque la diferencia media entre grupos sea moderada, la electroacupuntura real casi duplicó la proporción de pacientes que alcanzaron una mejoría relevante. A la semana 8, es decir, un mes después de haber terminado las sesiones, el grupo de electroacupuntura seguía mostrando mejores resultados que el grupo simulado. La diferencia entre grupos en el cambio del dolor fue de -0,60 puntos, y la diferencia en la tasa de respondedores fue de 21,65 puntos porcentuales, de nuevo con P < .001. Esto es importante porque sugiere que el efecto no fue simplemente una respuesta inmediata o pasajera al tratamiento. El beneficio se mantuvo al menos durante 4 semanas después de finalizar la intervención. En una enfermedad crónica, dolorosa y de difícil manejo como la neuralgia posherpética, que el efecto se mantenga más allá del periodo de tratamiento es un dato clínicamente valioso. El estudio no solo midió el dolor con una escala de 0 a 10. También evaluó otras dimensiones importantes. La escala visual analógica confirmó una mayor reducción del dolor en el grupo de electroacupuntura. Las categorías verbales de dolor también favorecieron al tratamiento real desde la semana 2 hasta la semana 8. A las 4 semanas, más pacientes del grupo real referían dolor leve y menos pacientes referían dolor moderado o severo. Los cuestionarios específicos también favorecieron a la electroacupuntura real. Hubo mejores resultados en varios dominios del dolor, en la interferencia del dolor con la vida diaria, en el sueño y en el estado de ánimo. A la semana 8 también se observaron beneficios en actividad general y disfrute de la vida. En la escala DAPOS, la electroacupuntura se asoció con mayor reducción de la ansiedad a las semanas 4 y 8, y de la depresión a la semana 8. Esto tiene sentido clínico. La neuralgia posherpética no es solo una puntuación de dolor. Es dormir peor, moverse menos, estar más irritable, tener ansiedad, perder disfrute y vivir condicionado por una molestia persistente. Que el tratamiento real mejore también algunas de estas dimensiones refuerza su interés clínico. En los análisis post hoc, la electroacupuntura también se asoció con menor necesidad de analgésicos de rescate: 6,67% frente a 13,90% en el grupo simulado. Además, una proporción mayor de pacientes redujo o suspendió medicación concomitante para el dolor: 23,91% frente a 8,93%. Estos datos deben interpretarse con prudencia porque proceden de análisis post hoc, es decir, análisis añadidos al plan principal. Aun así, son coherentes con el resto de resultados: menos dolor, más respondedores y menor necesidad de apoyo farmacológico en el grupo de electroacupuntura real. La interpretación más justa no es ni triunfalista ni escéptica en exceso. Por un lado, la diferencia media entre electroacupuntura real y simulada fue de 0,53 puntos en una escala de 0 a 10. Esa diferencia, tomada de forma aislada, es modesta y no alcanza la diferencia mínima clínicamente importante definida por los autores. Pero por otro lado, el grupo de electroacupuntura real sí alcanzó una reducción media de 1,52 puntos, justo por encima del umbral clínicamente relevante, mientras que la simulada quedó por debajo. Además, la tasa de respondedores fue claramente superior: 46,68% frente a 24,28%. Y el efecto se mantuvo un mes después de terminar el tratamiento. Este ensayo clínico aporta evidencia sólida a favor de la electroacupuntura en la neuralgia posherpética. No muestra una curación espectacular ni un efecto enorme en la media de todos los pacientes, pero sí muestra algo clínicamente valioso: la electroacupuntura real reduce más el dolor que la simulada, aumenta de forma clara la proporción de pacientes que logran una mejoría relevante, mejora dimensiones funcionales y emocionales, reduce el uso de analgésicos de rescate y mantiene parte del beneficio al menos durante un mes después del tratamiento. Además, estamos ante un RCT multicéntrico, con 448 pacientes, un diseño riguroso y publicado en una revista de alto impacto. Para el campo de la acupuntura, esto es una contribución importante. Referencia: Chen L, Liu Q, Pei L, Geng H, Liu Y, Yang Z, Ding M, Shen R, Chen M, Lu J, You D, Wu X, Zhou J, Hu L, Guo B, Sun S, Chen F, Zhao Z, Zhai Y, Chen Z, Li Z, Yao W, Feng H, Lu C, Liu Y, Shi J, Guo J, Sun J. Effect of Electroacupuncture on Postherpetic Neuralgia: A Randomized Clinical Trial. JAMA Neurol. 2026 May 26. doi: 10.1001/jamaneurol.2026.1443. Epub ahead of print. PMID: 42189557.

Fuente
Dr. Beltran Carrillo
Publicado el Categorías Blog, Dolor, Dolores neuropáticosEtiquetas Acupuntura basada en la evidencia, Clínica Beltrán Carrillo, dolor, Dolor Neuropático, Evidencia científica

posts relacionados

Ver más posts