El coste de la acupuntura suele discutirse con intuiciones (“es barato”, “es caro”, “no debería financiarse”, “podría ahorrar”). Lo interesante de este estudio de Alberta (Canadá) es que intenta poner números reales sobre la mesa, desde un programa público ya en marcha, y traducir esos cambios clínicos a una lectura útil para gestores sanitarios: ¿cuánto cuesta mejorar salud y calidad de vida con acupuntura?, ¿y puede compensarse ese coste con ahorros en otros recursos del sistema?
El trabajo analiza el programa ABCHIP (Alberta Chronic Health Inclusive Program), que ofrecía acupuntura sin coste para el paciente en dos poblaciones consideradas vulnerables: jóvenes (≤24 años) y mayores (≥55 años), con problemas de dolor crónico y/o salud mental. En total, se incluyeron 606 participantes que recibieron 5.424 tratamientos, y se evaluaron cambios con instrumentos validados en dolor, depresión, ansiedad, sueño y calidad de vida (incluyendo el EQ-5D-5L). La lógica del estudio es pragmática: no intenta demostrar eficacia “ideal” en condiciones de ensayo, sino valorar el impacto económico potencial de un servicio que ya se está ofreciendo en el mundo real.
Antes de entrar en resultados, merece la pena explicar qué significa el concepto central que usa el estudio: QALY (Quality-Adjusted Life Year o “año de vida ajustado por calidad”). Un QALY combina dos cosas en una sola cifra: cuánto tiempo vives y con qué calidad de vida. Un año vivido con salud perfecta equivale a 1 QALY; un año vivido con una calidad de vida valorada en 0,5 (por ejemplo, por dolor o limitación funcional importante) equivale a 0,5 QALY. La utilidad (ese “0,5”, “0,8”, etc.) suele estimarse con cuestionarios como el EQ-5D, que transforman el estado de salud reportado por el paciente en un valor numérico estandarizado. ¿Para qué sirve? Para poder comparar intervenciones muy distintas (por ejemplo, rehabilitación, fármacos, cirugía) con una “moneda común”: cuánto cuesta ganar una unidad de salud ajustada por calidad.
Con esa herramienta, los autores calculan la coste-efectividad (coste por QALY) de la acupuntura dentro del programa. El resultado es llamativo por lo bajo: en el conjunto total estiman CAD 12.171 por QALY, y en subgrupos aún menor: 10.766 en dolor, 9.331 en depresión y 9.030 en ansiedad. Dicho de forma sencilla: con los supuestos del estudio, el “precio” de ganar salud ajustada por calidad es relativamente bajo en comparación con muchos umbrales de coste-efectividad utilizados en países de altos ingresos. Esto no demuestra por sí solo que el programa deba financiarse en cualquier sitio, pero sí coloca la intervención en una zona que merece atención, especialmente si la población atendida tiene barreras de acceso y alta carga de sufrimiento.
Además del coste por QALY, el estudio presenta un análisis de coste-beneficio (CBA), traduciendo la mejoría clínica a una estimación de ahorro anual para el sistema. Usando estimaciones previas del “economic burden” de dolor, depresión y ansiedad, y aplicando un enfoque conservador sobre cuánto dura el beneficio (asumen típicamente 3 – 6 meses, ajustado por número de sesiones), el trabajo estima un ahorro anual por persona entre CAD 1.487 y 5.255, con un promedio de CAD 3.371. Es decir, bajo sus supuestos, el programa no solo sería coste-efectivo, sino potencialmente ahorrador.
Ahora bien, la parte importante es contar también qué tipo de evidencia es esta y qué no permite concluir. No es un ensayo aleatorizado, ni hay grupo control. Es una evaluación económica basada en un programa real, con medidas repetidas antes/después y con beneficios y ahorros modelados a partir de la literatura sobre carga económica, no necesariamente observados como “menos visitas a urgencias” o “menos consumo farmacológico” en bases administrativas. Esto importa porque, sin comparador, una parte de la mejoría podría deberse a factores no específicos (regresión a la media, expectativa, cambios concomitantes en tratamiento, etc.). Los propios autores lo reconocen y señalan que un paso siguiente deseable sería enlazar resultados con datos de utilización sanitaria para estimar ahorros de manera más directa.
Aun con esas cautelas, el mensaje que deja este trabajo es útil: cuando la acupuntura se integra como servicio accesible en una población con dolor crónico y problemas de salud mental, puede asociarse a mejoras relevantes en resultados reportados por pacientes y a estimaciones de coste-efectividad favorables, con potencial de ahorro. Para quienes toman decisiones en salud pública, este tipo de evidencia no sustituye a los ensayos, pero sí ayuda a contestar otra pregunta igual de necesaria: si el objetivo es reducir carga de enfermedad y mejorar calidad de vida con intervenciones de bajo riesgo, ¿qué opciones tienen un “perfil económico” razonable en condiciones reales? Este estudio sugiere que la acupuntura merece estar en esa conversación, con la condición de que las próximas evaluaciones refuercen el diseño comparativo, describan con más detalle la “dosis” y el modelo de prestación del servicio, y midan de forma más directa los cambios en uso de recursos sanitarios.
Referencia:
Lu M, Sharmin S, Tao Y, Xia X, Yang G, Cong Y, Yang G, Razavilar N, Aziz R, Jiang J, Xiao Y, Peng L, Xu B. Economic evaluation of acupuncture in treating patients with pain and mental health concerns: the results of the Alberta Complementary Health Integration Project. Front Public Health. 2024 Sep 25;12:1362751. doi: 10.3389/fpubh.2024.1362751. PMID: 39386945; PMCID: PMC11461202.
Fuente
Dr. Beltran Carrillo




