Evidencia de neuroimagen sobre los mecanismos centrales de la acupuntura en el dolor lumbar inespecífico: revisión sistemática y metanálisis (Huang FF et al. Front Med. 2025)

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El dolor lumbar inespecífico es, probablemente, el ejemplo perfecto de cómo una patología muy frecuente puede arruinar la calidad de vida y, al mismo tiempo, generar un enorme ruido metodológico a la hora de estudiar tratamientos. Sabemos que combina componentes nociceptivos y neuropáticos, que puede irradiarse a las piernas, que se clasifica en agudo, subagudo y crónico, y que figura de forma sistemática entre las diez primeras causas de discapacidad a largo plazo en prácticamente todos los países analizados por el Global Burden of Disease. La prevalencia global ronda el 18 %, algo mayor en mujeres y en países de renta alta, y el coste económico es descomunal: miles de millones de unidades monetarias al año en Reino Unido, Australia o Estados Unidos. En paralelo, la respuesta clásica ha sido recetar analgésicos, incluidos opioides, con el correspondiente problema de dependencia y efectos adversos; esto ha empujado a buscar alternativas no opioides y, dentro de ellas, la acupuntura se ha consolidado como una de las intervenciones no farmacológicas mejor valoradas, hasta el punto de aparecer recomendada en las guías del American College of Physicians para el tratamiento del dolor lumbar crónico.

La crítica recurrente, sin embargo, es conocida: las escalas de dolor son subjetivas, el contexto terapéutico y las expectativas pesan mucho y, en ausencia de biomarcadores objetivos, siempre queda la sospecha de que una parte relevante del efecto pueda ser placebo. Aquí es donde este trabajo de Huang FF et al. (Front Med. 2025), entra en juego: no se limita a ver si la acupuntura “funciona”, sino que se pregunta qué ocurre en el sistema nervioso central de las personas con dolor lumbar inespecífico cuando reciben acupuntura, y lo hace combinando un meta-análisis clásico de resultados clínicos con un meta-análisis de neuroimagen funcional, algo que todavía es poco habitual en este campo.

Los autores realizan una búsqueda sistemática en diez bases de datos, tanto occidentales como chinas, desde el inicio de los registros hasta julio de 2025, e incluyen tanto ensayos aleatorizados como estudios no aleatorizados siempre que cumplan una condición clave: además de estudiar acupuntura en dolor lumbar inespecífico agudo, subagudo o crónico, deben haber realizado fMRI en reposo y reportar las coordenadas de activación o desactivación cerebral en espacio MNI o Talairach. Esto, que de entrada puede parecer un detalle técnico, es fundamental, porque solo así se pueden combinar los estudios con un modelo espacial común y aplicar el método de Activation Likelihood Estimation (ALE) del que hablaremos después.

El cribado final deja diez estudios con un total de 358 participantes: tres en dolor lumbar agudo no específico y siete en dolor lumbar crónico no específico. Ocho de esos trabajos son ensayos clínicos aleatorizados y dos son estudios no aleatorizados. Para la parte clínica, usan Stata y realizan un meta-análisis estándar sobre el dolor medido con escala analógica visual (VAS 0–10). Cuando la heterogeneidad es baja (I² menor del 50 %) se recurre a un modelo de efectos fijos; si la heterogeneidad supera ese umbral, se opta por efectos aleatorios. Los resultados se expresan como diferencias de medias ponderadas con intervalos de confianza del 95 %.

A nivel clínico, al agrupar cinco ensayos que comparan acupuntura real frente a acupuntura simulada, la acupuntura reduce el dolor una media de 0,78 puntos en VAS más que el sham (IC 95 % −1,25 a −0,31; p < 0,001), sin heterogeneidad entre estudios (I² = 0 %). Es un efecto modesto pero muy consistente: no estamos hablando de una analgesia espectacular, pero sí de una diferencia clara y estable frente a una intervención de control que ya de por sí es bastante activa. Cuando se separan las fases del dolor, el cuadro se matiza. En el dolor lumbar agudo un ensayo muestra una diferencia de −1,04 puntos en VAS (IC 95 % −1,72 a −0,36; p = 0,003), es decir, poco más de un punto, algo claramente relevante en un cuadro agudo donde cada punto en la escala se nota. En cambio, los cuatro ensayos en dolor crónico encuentran una diferencia media de −0,53 (IC 95 % −1,19 a 0,13; p = 0,113), es decir, una tendencia a favor de la acupuntura que no alcanza significación estadística frente al sham, aunque los pacientes mejoran en términos absolutos. Si recordamos que la mayoría de shams de acupuntura inducen estimulación cutánea y expectativas fuertes, es fácil entender por qué el margen entre ambas intervenciones puede ser pequeño a pesar de que el paciente mejore. La segunda parte del trabajo, y probablemente la más novedosa, es el meta-análisis de neuroimagen. Para ello utilizan GingerALE 3.0.2, una herramienta que implementa el método ALE. El concepto es elegante: cada estudio fMRI no aporta un “mapa completo” sino un conjunto de coordenadas (x, y, z) donde se ha encontrado activación o desactivación significativa tras la acupuntura comparada con su control. ALE trata cada coordenada como el centro de una distribución de probabilidad tridimensional que refleja la incertidumbre sobre la localización exacta de la activación. Para cada voxel del cerebro estándar MNI se calcula la probabilidad de que esté activado, construyendo así un mapa de “likelihood” de activación que combina todos los estudios incluidos. Para saber si ese mapa refleja algo real y no simple ruido, el programa genera una distribución nula haciendo permutaciones: mezcla de forma aleatoria los focos de activación entre estudios, como si se barajaran las coordenadas en un bombo, y calcula qué valores ALE se obtendrían solo por azar. Después compara el mapa observado con esa distribución nula y aplica una corrección muy estricta por comparaciones múltiples (corrección de error familiar a nivel de cluster, p ≤ 0,001). Finalmente, los clusters que superan ese umbral se proyectan sobre un cerebro estándar con Mango 4.0.2, lo que permite situarlos en regiones anatómicas concretas (insula, cíngulo, tálamo, etc.). Dicho de forma coloquial: se busca qué zonas del cerebro aparecen activadas o desactivadas por la acupuntura muchas más veces de lo esperable por pura casualidad, y solo esas se consideran hallazgos robustos. Cuando se aplica este enfoque a los tres estudios de dolor lumbar agudo, el patrón es muy interesante. Tras la acupuntura aparecen cuatro clusters de activación aumentada y siete de activación disminuida. Entre las activaciones positivas destaca, en primer lugar, la ínsula derecha (Brodmann 13), situada en el sub-lóbulo, en torno a las coordenadas x = 50, y = 6, z = 12, con ALE 0,0022 y un valor Z de 5,20. La ínsula es una pieza central de la red de saliencia; integra información interna (interocepción), emocional y somatosensorial, y participa en decidir qué señales del organismo merecen atención. Que se active de forma consistente sugiere que la acupuntura está modulando muy pronto la forma en que el cerebro detecta y prioriza la señal dolorosa. El segundo cluster se localiza en el lóbulo parietal inferior derecho (Brodmann 40; x = 62, y = −26, z = 34, ALE 0,0023, Z 5,39), región implicada en la integración sensoriomotora y en la atención espacial; el tercero en el giro frontal medial derecho, área 6 (x = 12, y = 0, z = 60), vinculado a corteza premotora y redes de control descendente del dolor; y el cuarto en el giro del cíngulo derecho, área 31 (x = 18, y = −24, z = 39), una zona que integra información sobre dolor, memoria y estado interno. En sentido contrario, la acupuntura reduce la actividad en un conjunto de estructuras que encajan muy bien con un circuito de alarma y respuesta emocional al dolor: la ínsula izquierda (BA 13; x = −41, y = −13, z = 15, ALE 0,0027, Z 6,36), el cíngulo anterior (BA 32; x = 0, y = 33, z = 21, ALE 0,0028, Z 7,03), el pulvinar del tálamo (x = −4, y = −30, z = −2), el giro parahipocampal derecho (BA 35; x = 24, y = −27, z = −18), el giro frontal medio derecho (BA 8; x = 14, y = 33, z = 44), el giro angular derecho (BA 39; x = 54, y = −60, z = 39) y el giro frontal superior izquierdo (BA 6; x = −14, y = 34, z = 52). Muchas de estas zonas pertenecen al sistema límbico y a nodos de la red por defecto y de control ejecutivo. El mensaje de conjunto es que, en el dolor agudo, la acupuntura parece “recalibrar” el sistema: atenúa la hiperactivación de estructuras implicadas en la alarma emocional, la memoria aversiva y la amplificación tálamo-límbica, mientras refuerza áreas de control motor y regulación descendente. En paralelo, los pacientes reportan una reducción de más de un punto en VAS frente a sham, lo que indica que esta reorganización no es solo una curiosidad de laboratorio, sino que acompaña a una mejoría clínica perceptible. Cuando se repite el análisis en los siete estudios de dolor lumbar crónico, el patrón cambia, aunque conserva un actor principal: la ínsula. La acupuntura produce dos clusters de activación aumentada, ambos en la ínsula sub-lobar, uno en el hemisferio derecho (BA 13; x = 46, y = −2, z = 2, ALE 0,0019, Z 4,65) y otro en el izquierdo (BA 13; x = −42, y = −16, z = 2, ALE 0,0015, Z 3,93). En el dolor crónico, la ínsula está muy implicada en la cronificación: no solo procesa la intensidad del dolor, sino su anticipación, su carga emocional y su integración con otras sensaciones corporales. Que la acupuntura la module bilateralmente sugiere un efecto más profundo sobre la forma en que el cerebro “sostiene” el estado doloroso a largo plazo. Los clusters de activación negativa se sitúan en el giro precentral izquierdo (BA 44; x = −56, y = 12, z = 6, ALE 0,00095, Z 3,41) y en el giro frontal medio derecho (BA 8; x = 33, y = 40, z = 42, ALE 0,00095, Z 3,41). Estas regiones se relacionan con la programación motora y con el control cognitivo y la re-evaluación del dolor. En el contexto del dolor lumbar crónico, donde es tan frecuente la rigidez “protectora”, la evitación de movimientos y la hipervigilancia motora, una disminución de la hiperactividad en estas áreas encaja con la idea de que la acupuntura ayuda a deshacer patrones motores y cognitivos maladaptativos. Un aspecto muy honesto del trabajo es que no se queda solo en el grupo de acupuntura, sino que analiza qué sucede en los grupos control. En el dolor agudo, los tratamientos de control activan más de ocho clusters, mayoritariamente en el sub-lóbulo izquierdo: ínsula, núcleo lenticular, tálamo, caudado e hipocampo, con un pico de activación en la ínsula izquierda (x = −40, y = 6, z = 18, ALE 0,0014, Z 4,05). En el crónico, las intervenciones de control a largo plazo (que incluyen rehabilitación, sham u otras estrategias) modulan áreas aún más extensas: lóbulo límbico, parietal, frontal, temporal, occipital y cuerpo del caudado, con clusters significativos en regiones como el área 40, el área 36, el área 6 frontal, el área 22 temporal, la corteza occipital 37 y el caudado. En otras palabras: el simple hecho de recibir un tratamiento, incluso si es “simulado” o de baja intensidad, mueve mucho el cerebro. Hay activación límbica, fronto-parietal y de recompensa, lo que traduce las expectativas, la atención al propio cuerpo y la interacción terapéutica en cambios neurobiológicos reales. Esto tiene dos implicaciones. Por un lado, explica por qué muchas veces las diferencias acupuntura–sham son pequeñas: el placebo no es ausencia de efecto, es un conjunto de procesos cerebrales potentes que también reducen el dolor y modulan redes de saliencia, recompensa y control. Por otro, permite identificar qué parte del patrón de activación podría ser específica de la acupuntura. La presencia repetida de la ínsula, la reorganización premotora y los cambios en regiones frontales y parietales vinculadas a modulación descendente y procesamiento sensoriomotor parecen ir más allá de lo que muestran los controles, sobre todo cuando se correlacionan con una mejoría clínicamente relevante. En términos de calidad de la evidencia, los autores aplican la metodología GRADE y, como era de esperar en neuroimagen clínica, el veredicto global es “very low”. Conviene explicar esto con cuidado. La baja calificación no significa que los hallazgos sean falsos ni que la acupuntura no tenga efecto, sino que, con los criterios muy exigentes que usa GRADE, no se puede emitir todavía una recomendación fuerte basándose solo en estos datos. El descenso de nivel viene por varios motivos: riesgo de sesgo (muchos RCT se clasifican como “some concerns” por problemas potenciales en la aleatorización o el cegamiento), imprecisión (tamaños muestrales de 20–30 sujetos por estudio, lo que amplifica la influencia del azar), heterogeneidad (protocolos de acupuntura diferentes, duraciones de tratamiento distintas, pacientes en fases evolutivas dispares) e indirectitud (GRADE está pensado para responder “¿debo prescribir esto?” más que “¿qué mecanismo cerebral hay detrás?”). A todo ello se suma el probable sesgo de publicación, típico de la fMRI, donde es más fácil que vean la luz trabajos con hallazgos positivos. Al mismo tiempo, desde el punto de vista técnico, los estudios son respetables: utilizan resonancias de 3 T, parámetros estándar de adquisición (tiempos de repetición y eco en rangos habituales, suavizado de 5–8 mm, normalización anatómica a MNI, corrección de movimiento) y un pipeline de análisis razonable. Es decir, si bien la evidencia clínico-epidemiológica es frágil por tamaño y diseño, la consistencia de los patrones de activación que emergen del ALE sugiere que la señal neurofisiológica es real. En conjunto, la lectura que sale de este trabajo es bastante equilibrada. La acupuntura en el dolor lumbar inespecífico se asocia a una mejoría clínica moderada, más clara en el dolor agudo que en el crónico cuando se la compara con shams muy activos. Esa mejoría se acompaña de cambios reproducibles en redes cerebrales bien conocidas: la ínsula como eje de integración sensorial y emocional, el sistema límbico y el hipocampo como nodos de memoria y significado del dolor, el cíngulo y la corteza prefrontal como centros de regulación cognitivo-emocional, y las regiones motoras y parietales implicadas en la organización del movimiento y la modulación descendente de la señal nociceptiva. Los controles también cambian el cerebro y también reducen el dolor, porque el placebo es, en realidad, una intervención neurobiológica con todas las letras; pero la acupuntura muestra patrones adicionales de modulación, especialmente en la ínsula y en circuitos moto-prefrontales, que encajan bien con la clínica y que no se explican solo por la expectativa. Para el clínico o el investigador en acupuntura, este tipo de trabajo aporta algo más que “otra revisión positiva”: ofrece un mapa bastante detallado de qué redes cerebrales son sensibles a la intervención en las distintas fases del dolor lumbar, y demuestra que es posible combinar resultados clínicos y neuroimagen de forma rigurosa. Queda, por supuesto, mucho camino por recorrer: ensayos más grandes, mejor cegados, con protocolos de acupuntura más estandarizados y con seguimientos largos. Pero, mientras llegan, este estudio proporciona una base neurofisiológica sólida para sostener que la acupuntura no solo alivia el dolor lumbar inespecífico desde el punto de vista subjetivo, sino que acompaña esa mejoría de una reorganización medible del cerebro en redes que sabemos que son críticas para la percepción y la cronificación del dolor. Referencia: Huang FF, Liu J, Lu M, Wu Y, Zhen S, Cai Y, Liu Z, Qiu M, Xiao W, Huang Y, Liang J, Li M, Liu Z. Neuroimaging evidence for central mechanisms of acupuncture in non-specific low back pain: a systematic review and meta-analysis. Front Med (Lausanne). 2025 Oct 17;12:1657241. Doi: 10.3389/fmed.2025.1657241. PMID: 41179904; PMCID: PMC12575243.

Fuente
Dr. Beltran Carrillo
Publicado el Categorías Blog, Dolor, Dolor lumbarEtiquetas Acupuntura basada en la evidencia, Clínica Beltrán Carrillo, Dolor Lumbar, Evidencia científica, Lumbalgia

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