El deterioro cognitivo postictus (post-stroke cognitive impairment, PSCI) constituye una de las secuelas más frecuentes tras un accidente cerebrovascular y supone una carga clínica relevante por su impacto en supervivencia, autonomía y calidad de vida. Se caracteriza por un descenso de capacidades cognitivas que emerge típicamente entre los 3 y 6 meses después del ictus, afectando dominios como memoria, atención, funciones ejecutivas, lenguaje o habilidades visuoespaciales. La magnitud del problema es significativa: se estima que una proporción sustancial de supervivientes de ictus desarrolla PSCI durante el primer año, con consecuencias pronósticas adversas a medio plazo.
En este escenario terapéutico, las opciones farmacológicas específicas para PSCI siguen siendo limitadas y, con frecuencia, el soporte clínico de los fármacos utilizados procede de extrapolaciones (p. ej., desde estrategias en Alzheimer u otras condiciones), con evidencia heterogénea. Por ello, en los últimos años ha crecido el interés por intervenciones no farmacológicas, incluyendo programas de rehabilitación cognitiva y terapias de acupuntura, dentro de modelos de abordaje multimodal.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada por Zhu J et al. en Frontiers in Neurology (2026) evaluó específicamente la eficacia y seguridad de la electroacupuntura en PSCI, siguiendo PRISMA 2020 y con registro PROSPERO. La pregunta clínica fue clara: si añadir electroacupuntura al tratamiento estándar mejora la cognición y la funcionalidad respecto a controles que incluyen entrenamiento cognitivo, oxígeno hiperbárico, medicación, rTMS, acupuntura convencional o electroacupuntura simulada, entre otros.
El trabajo incluyó 24 ensayos clínicos aleatorizados con 1.769 participantes (aprox. 58,5% varones), con duraciones de intervención de corto plazo. Para definir y medir PSCI, los ensayos operativizaron el deterioro cognitivo mediante puntos de corte clínicos habituales (MMSE <27 o MoCA <26), utilizando el MMSE como desenlace principal y MoCA, junto con escalas funcionales como Barthel Index y ADL, como desenlaces secundarios. Los resultados agregados mostraron mejoras estadísticamente significativas tras 2 a 8 semanas de intervención. En MMSE (17 ensayos; n=1.247), la electroacupuntura se asoció con una diferencia media de +2,62 puntos (IC95% 1,74 a 3,51). En MoCA (14 ensayos; n=1.030), el efecto fue de +3,01 puntos (IC95% 2,12 a 3,91). En funcionalidad, el Barthel Index (9 ensayos; n=745) mejoró en +5,86 puntos (IC95% 2,71 a 9,00), y ADL (3 ensayos; n=192) en +5,82 puntos (IC95% 0,70 a 10,94). En conjunto, estos hallazgos sugieren un beneficio clínico a corto plazo cuando la electroacupuntura se integra como componente adicional al cuidado habitual. La interpretación exige, no obstante, atención a un elemento central del metaanálisis: la heterogeneidad elevada en varios desenlaces. Los autores exploraron posibles fuentes mediante análisis de sensibilidad y subgrupos, apuntando a que el tipo de ictus podría contribuir a la variabilidad en MMSE y Barthel, mientras que la duración del tratamiento podría influir en la heterogeneidad de MoCA. Esta lectura es relevante para práctica e investigación: sugiere que la respuesta puede depender del perfil clínico y de la “dosis” terapéutica, y refuerza la necesidad de estandarizar parámetros de intervención y definir subgrupos diana en futuros ensayos. En seguridad, el panorama es prudente. Solo una minoría de ensayos informó explícitamente eventos adversos, sin registrar efectos relevantes en esos estudios, pero la ausencia de reporte sistemático en la mayoría limita conclusiones firmes. En paralelo, la evaluación GRADE calificó la certeza de evidencia para MMSE, MoCA y Barthel como “baja”, y para ADL como “muy baja”, principalmente por riesgo de sesgo (p. ej., dificultades en ocultación de la asignación y cegamiento) e inconsistencia asociada a heterogeneidad. Más que invalidar los resultados, este punto delimita con claridad el siguiente paso: ensayos más robustos, con controles creíbles, mejor reporte metodológico y seguimiento más prolongado, que permitan estimar la durabilidad del efecto y fortalecer la inferencia clínica. En síntesis, la evidencia sintetizada en esta revisión sugiere que la electroacupuntura puede aportar beneficios cognitivos y funcionales a corto plazo en PSCI cuando se añade al tratamiento estándar, con la cautela metodológica esperable en un campo donde la estandarización, el cegamiento y el reporte de seguridad requieren mejoras. El trabajo contribuye de forma útil a la base empírica disponible y ofrece una dirección concreta para investigación futura: protocolización, definición de candidatos, mayor duración, y reporte de seguridad conforme a estándares contemporáneos. Referencia: Zhu J, Ying X, Huang T, Zhang Y, He K, Ma R. Efficacy and safety of electroacupuncture in the treatment of post-stroke cognitive impairment: a systematic review and meta-analysis. Front Neurol. 2026 Jan 2;16:1715658. doi: 10.3389/fneur.2025.1715658. PMID: 41551315; PMCID: PMC12807943.
Fuente
Dr. Beltran Carrillo




