En los últimos años se han publicado muchos estudios chinos sobre acupuntura craneal en niños con trastorno del espectro autista (TEA), pero casi siempre leemos las conclusiones sin tener claro qué significan numéricamente los cambios en las escalas. Esta revisión sistemática con metaanálisis que comentábamos de Zhao LN et al. publicado en Zhen Ci Yan Jiu. 2025, con 33 ensayos clínicos aleatorizados y 2.701 niños, es un buen ejemplo: muestra reducciones e incrementos en distintas puntuaciones, pero si no conocemos las escalas es difícil calibrar la magnitud real del efecto.
Vamos a detenernos un momento en esas herramientas de medida y en sus rangos, para entender mejor qué implican cambios como “MD = -5,70” o “+5,90 en el cociente de desarrollo”.
En primer lugar, la “autism behavior rating scale” que citan los autores corresponde al Autism Behavior Checklist (ABC), una escala clásica de 57 ítems que valora conductas típicas del autismo (sensoriales, de relación, uso del cuerpo y objetos, lenguaje, habilidades sociales y de autocuidado). Cada ítem tiene un peso y la suma total puede ir aproximadamente de 0 a 158 puntos, donde valores más altos indican más síntomas (Volkmar, F. R., Cicchetti, D. V., Dykens, E., Sparrow, S. S., Leckman, J. F., & Cohen, D. J. (1988). An evaluation of the autism behavior checklist. Journal of autism and developmental disorders, 18(1), 81-97.).
En varios estudios se han propuesto puntos de corte entre 49 y 68 para discriminar sospecha de autismo: por encima de esas cifras aumenta la probabilidad de TEA, por debajo disminuye. En el metaanálisis de Zhao LN et al., la acupuntura craneal combinada con rehabilitación reduce la puntuación del ABC en unos 5,7 puntos de media frente a la rehabilitación sola. En el contexto de un rango total de 0–158, una bajada de 5–6 puntos no transforma radicalmente a un niño, pero sí representa una disminución apreciable de conductas problemáticas; y lo importante es que este efecto es consistente cuando se combinan los 33 ensayos.
La segunda escala, mucho más conocida, es la Childhood Autism Rating Scale (CARS) (Schopler, E., Reichler, R. J., DeVellis, R. F., & Daly, K. (1980). Toward objective classification of childhood autism: Childhood Autism Rating Scale (CARS). Journal of autism and developmental disorders). Consta de 15 ítems, cada uno puntuado de 1 a 4, de modo que la suma total oscila entre 15 y 60 puntos. Puntajes inferiores a 30 suelen considerarse “no autistas” o dentro de la variación normal; entre 30 y 36 hablamos de autismo leve-moderado; por encima de 37 se considera autismo más severo. En la revisión, la combinación de acupuntura craneal + rehabilitación reduce la CARS en alrededor de 4 puntos frente al grupo control. En la práctica, esto puede significar, por ejemplo, pasar de 36 a 32 puntos: seguiría habiendo TEA, pero con una intensidad menor de los síntomas observables en interacción, comunicación y conducta.
Para valorar el desarrollo global, muchos de los ensayos utilizaron la escala de desarrollo de Gesell. Aquí no se obtiene un “nivel de autismo” sino un cociente de desarrollo (DQ) en diferentes áreas (lenguaje, adaptación social, motricidad, etc.). El DQ se calcula como:
DQ = (edad de desarrollo / edad cronológica) × 100.
Es decir, un niño cuya edad de desarrollo corresponde exactamente a su edad cronológica tendría un DQ de 100. En la práctica se suele considerar:
* ≥ 85: desarrollo dentro de la normalidad,
* 75–84: zona “límite” o riesgo de retraso,
* < 75: retraso del desarrollo. En este metaanálisis, la acupuntura craneal sumada a la rehabilitación incrementa el DQ de adaptación social en unos 5,9 puntos, el de lenguaje en 4,4 puntos y el de competencia personal-social en 4,3 puntos, respecto al grupo con rehabilitación sola. En términos clínicos, esto puede suponer que un niño que estaba, por ejemplo, en un DQ de 78 (zona límite) pase a 84–85, moviéndose hacia el rango normal o acercándose mucho a él. No es una “normalización completa” del desarrollo, pero sí una ganancia en su capacidad de adaptarse, comunicarse y manejarse en lo social. Otra herramienta utilizada es el PEP-3 (Psychoeducational Profile, 3ª edición), diseñada específicamente para niños pequeños con autismo y otros trastornos del desarrollo. Evalúa áreas como comunicación, motricidad, juego, conducta y habilidades de autocuidado, con ítems puntuados de 0 (“no realiza”), 1 (“emerge”) o 2 (“realiza adecuadamente”), que luego se transforman en puntuaciones de escala y edades de desarrollo. No hay un “mínimo y máximo” global tan intuitivo como en CARS, pero sí sabemos que cuantos más puntos, mejor desempeño. En el metaanálisis, la acupuntura craneal combinada con rehabilitación obtiene incrementos de aproximadamente 3,8 puntos en comunicación, 2 puntos en agilidad/motricidad y 2,2 puntos en conducta frente al grupo control. En niños con TEA, donde cada pequeño avance en comprensión, expresión o regulación conductual tiene mucho impacto en la vida diaria, estas diferencias pueden traducirse en más iniciativa para comunicarse, mejor participación en juegos y tareas, y menos conductas disruptivas. Si juntamos todo lo anterior, el cuadro que se dibuja es coherente: cuando se añade acupuntura craneal a la intervención rehabilitadora estándar, los niños tienden a disminuir sus puntuaciones en escalas de gravedad autista (ABC, CARS) y a aumentar sus puntuaciones en escalas de desarrollo y funcionamiento (Gesell, PEP-3). No desaparece el TEA, pero se desplazan en dirección a menos síntomas y más competencia adaptativa. Ahora bien, los autores hacen una advertencia importante que conviene no olvidar: la calidad metodológica de muchos de los 33 ensayos es limitada, se mezclan niños de edades y niveles de gravedad diferentes, y la duración de los tratamientos varía mucho entre estudios. Eso significa que, aunque los tamaños de efecto sean estadísticamente claros, necesitamos ensayos más rigurosos, homogéneos y con seguimientos largos para confirmar hasta qué punto estos cambios se mantienen en el tiempo y en qué perfiles de niños son mayores. Desde una perspectiva clínica razonable, la lectura sería la siguiente: la acupuntura craneal, aplicada por médicos con experiencia en pediatría y TEA e integrada en un programa multidisciplinar, puede aportar una mejora adicional medible en comportamiento, lenguaje y adaptación social frente a la rehabilitación sola, con un perfil de seguridad alto. No es un sustituto de las terapias educativas y conductuales, pero sí una opción coadyuvante con respaldo creciente, cuyos efectos empezamos a poder cuantificar porque entendemos mejor las escalas con las que se está midiendo ese cambio. Referencia: Zhao LN, DU XG, Song HJ, Zhao NX, Li BX, Li T. [Meta-analysis of efficacy and safety of scalp acupuncture in the treatment of autism spectrum disorder]. Zhen Ci Yan Jiu. 2025 Nov 25;50(11):1352-1364. Chinese. doi: 10.13702/j.1000-0607.20241299. PMID: 41261034.
Fuente
Dr. Beltran Carrillo




